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Illustration: ¿Debería entrenar cuando tengo un resfriado?

5 min de lectura, con Coach Finn

¿Debería entrenar cuando tengo un resfriado?

Te despiertas con la garganta irritada y la nariz tapada, y ahí está, esa vocecita preocupada: "Si me salto el día de hoy, ¿voy a perder todo mi avance?". Primero, respira hondo. No vas a perder tu condición física por descansar unos días mientras tu cuerpo combate algo. Para nada. Déjame explicarte cómo pensar en esto, con calma y de forma segura.

La prueba del cuello: una regla sencilla

Los entrenadores y los atletas se han apoyado durante años en una pauta práctica llamada "la prueba del cuello". No es una ciencia exacta, pero es un punto de partida sensato.

Así funciona. Pregúntate dónde están tus síntomas.

Síntomas por encima del cuello (un poco de goteo nasal, una leve molestia en la garganta, algo de estornudos, una congestión nasal ligera) suelen significar que un movimiento suave y tranquilo está bien si te sientes con ánimo. Piensa en una caminata corta y lenta o en un paseo en bici muy relajado, de poco esfuerzo. Nada duro. Nada largo. Aquí no estás persiguiendo un entrenamiento, solo te mantienes en movimiento con suavidad.

Síntomas por debajo del cuello (congestión en el pecho, una tos profunda, dolores en el cuerpo, fiebre, malestar estomacal, o simplemente sentirte realmente mal y agotado) significan descanso. Punto. Hoy no es el día para entrenar. Tu cuerpo está pidiendo energía para sanar, y lo más amable e inteligente que puedes hacer es darle esa energía.

Una buena pregunta de fondo por encima de todo esto: ¿de verdad te sientes con ánimo de hacerlo? Si la respuesta honesta es "la verdad que no", entonces ya tienes tu respuesta. Hazle caso. Inclinarte por el descanso casi nunca es la decisión equivocada.

La fiebre es un alto absoluto

Sobre este punto quiero ser muy claro, porque importa. Si tienes fiebre, no entrenas. Punto. Ni un paseo suave en bici, ni una caminata rápida, nada.

Cuando tienes fiebre, tu cuerpo está trabajando con todas sus fuerzas, y sumarle ejercicio puede generar una tensión real en tu corazón. Este es uno de esos pocos casos en los que el consejo no es "fíjate cómo te sientes". Es un no rotundo. Descansa, recupérate y deja que la fiebre pase por completo antes incluso de pensar en moverte de nuevo.

Descansar cuando estás enfermo es entrenamiento, no condición física perdida

Aquí está el cambio de mentalidad que quiero que conserves. La recuperación es parte del trabajo. Cuando descansas estando enfermo, no te estás quedando atrás, estás haciendo exactamente lo que hace un atleta inteligente.

Tu condición física se construye durante la recuperación, no solo durante las sesiones duras. Es la misma razón por la que los días de descanso forman parte del entrenamiento desde un principio. Unos pocos días libres para sanar son apenas un parpadeo dentro de un camino que se mide en meses y años. No van a borrar tu avance hacia tu primer Sprint ni más allá.

Así que, por favor, sin culpa. Descansar porque estás enfermo no es debilidad ni pereza. Es sabiduría. Estás cuidando el motor que te va a llevar hasta esa meta.

Cómo ayudarte a recuperarte

Mientras descansas, unas cuantas cosas sencillas ayudan de verdad:

  • Hidrátate. Sigue tomando agua y líquidos calientes a lo largo del día. Estar enfermo y deshidratado es una mala combinación, y una buena hidratación te ayuda a sentirte humano de nuevo más pronto.
  • Duerme. Esto es lo más importante. Tu cuerpo realiza su trabajo de reparación más profundo mientras duermes, que es exactamente cómo el sueño impulsa tu recuperación. Permítete descansar todo lo que tu cuerpo quiera en este momento.
  • Ten paciencia. La sanación no es algo que puedas apurar ni forzar. Dale el tiempo que necesita.

Retomar poco a poco cuando te sientas mejor

Cuando empieces a sentirte como tú de nuevo, resiste las ganas de volver de golpe a donde lo dejaste. Esa es una forma habitual de enfermarte otra vez o de terminar agotado.

En lugar de eso, retoma de a poco. Empieza con algo corto y suave, quizás la mitad de lo que harías normalmente, con un esfuerzo relajado. Fíjate cómo responde tu cuerpo. Si te sientes bien, ve subiendo de a poco a lo largo de unos días. Si te sientes mal, date otro día de descanso. No hay prisa.

Si terminaste tomándote más de unos cuantos días libres, quizás quieras un plan tranquilo para volver al camino después de perder una semana. Es más fácil de lo que crees, y es probable que te sorprendas de la rapidez con que todo vuelve.

Unas palabras honestas sobre la seguridad

Necesito ser franco contigo aquí, porque me importas más que cualquier plan de entrenamiento.

Todo lo que he compartido es una guía general, ese tipo de regla amistosa que los entrenadores se pasan unos a otros. No es un consejo médico, porque soy tu entrenador, no tu médico. Los cuerpos son distintos, las enfermedades son distintas, y solo un verdadero profesional de la salud puede decirte qué es lo correcto para tu situación específica.

Así que, por favor, ante la duda, consulta a un médico. Si tus síntomas son graves, si tienes fiebre alta o persistente, si te cuesta respirar o tienes dolor en el pecho, o si simplemente algo se siente mal, no intentes resolverlo por tu cuenta. Acude a un médico o a un profesional de la salud. Esa siempre es la decisión correcta, y nunca es una reacción exagerada.

Conoces tu cuerpo mejor que nadie. Confía en él, y cuando te diga que algo anda mal, escúchalo.

Tú puedes con esto

Enfermarte de vez en cuando es simplemente parte de ser una persona que está ahí afuera, intentándolo. No te hace menos atleta, y desde luego no borra el trabajo que ya has puesto. Descansa bien, sé amable contigo mismo, toma tu agua, duerme como si fuera tu trabajo, y vuelve cuando estés realmente listo.

Aquí estaremos animándote en cuanto vuelvas a atarte los cordones. Para eso estamos en couchtotri.com. Cuídate primero a ti, y el entrenamiento siempre te va a estar esperando. Tú puedes con esto.

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