
5 min de lectura, con Coach Finn
¿Tengo que memorizar el recorrido? Reconocerlo con anticipación
Aquí está la respuesta corta y tranquilizadora antes de seguir: no, no tienes que memorizar ni una sola cosa. Ni los giros, ni los nombres de las calles, ni los colores de las boyas. Los recorridos de triatlón están señalizados para ti, y el día de la carrera simplemente sigues las señales. Así que si la idea de perderte ahí afuera te pesaba en el estómago, ya puedes dejarla ir.
Déjame mostrarte por qué estás en buenas manos, y luego cómo mirar un poco hacia adelante puede hacerte sentir aún más tranquilo y con mayor control.
Por qué no te vas a perder
Los organizadores quieren que cada atleta termine, incluida la persona que cruza su primera línea de salida. Eso significa que se esfuerzan al máximo por hacer que el recorrido sea imposible de perder.
El día de la carrera verás carteles, conos, flechas pintadas en el suelo, banderas y boyas de colores brillantes flotando en el agua. En cada giro o punto complicado, suele haber un voluntario que te indica exactamente por dónde ir mientras te anima. También tendrás a otros atletas a tu alrededor, moviéndose en la misma dirección que tú. Seguir las señales y el flujo de personas es realmente todo lo que hace falta.
Así que el recorrido no es una prueba de memoria. Es un camino señalizado con personas amables a lo largo de él. Tu única tarea es seguir avanzando y seguir lo que ves.
Por qué conocerlo con anticipación igual ayuda
Si no tienes que memorizar el recorrido, ¿para qué molestarte en aprenderlo? Porque saber lo que viene calma tus nervios y te permite hacer un plan.
Cuando tienes una imagen aproximada en la cabeza, dejas de prepararte para las sorpresas. Sabes que la subida llega más o menos a la mitad, así que guardas un poco de energía para ella. Sabes que la natación gira a la izquierda en la boya más lejana, así que no te sobresaltas cuando todos se desplazan en esa dirección. Sabes que la meta está justo pasando el árbol grande, así que tienes algo hacia lo cual apuntar. Nada de esto se trata de estudiar a última hora. Se trata de cambiar unas cuantas incógnitas por una carrera más tranquila y constante.
Cómo conocer el recorrido
Tienes más recursos de los que crees, y ninguno te lleva mucho tiempo.
Empieza por el sitio web de la carrera. Casi todos los eventos publican mapas del recorrido para la natación, el ciclismo y la carrera a pie, y muchos incluyen un perfil de altimetría para que veas dónde están las subidas. Dedica diez minutos tranquilos ahí y ya te sentirás más sereno.
Si la carrera es local, recorre la ruta del ciclismo en auto o en bicicleta. Recorrerla en tu propia bicicleta es ideal, porque sentirás las subidas en las piernas y aprenderás dónde cambiar de marcha, pero incluso un recorrido lento en auto te muestra los giros y el estado del camino. Para la natación, ve al lugar si puedes y camina la salida del agua y el sendero hacia la transición. Pararte en el punto exacto donde correrás chorreando al salir del agua hace maravillas por tu confianza.
Mientras observas, anota algunas cosas concretas: dónde están las subidas grandes, dónde ocurren los giros cerrados y cómo están dispuestas las boyas de la natación para saber hacia dónde se curva el recorrido. Si practicar tu orientación visual (sighting) te resulta extraño, puedes desarrollar esa habilidad con anticipación al practicar tu orientación visual en una piscina, para que levantar la vista y ubicar una boya ya te resulte natural.
Otras dos cosas ayudan muchísimo. Asiste a la charla previa a la carrera, donde los organizadores repasan el recorrido, las reglas y cualquier cosa inusual del día. Y si el lugar permite un nado de práctica, aprovéchalo. Incluso unos minutos en aguas abiertas, mirando hacia la orilla como lo harás la mañana de la carrera, convierten lo desconocido en algo familiar.
Qué es lo que realmente más importa
No necesitas estudiar cada cono. Si solo te alcanza la energía para lo esencial, concéntrate en estos cuatro puntos.
Primero, la ubicación y el flujo de la transición: dónde cuelgas tu bicicleta en el soporte, dónde entras al salir de la natación y dónde sales hacia el ciclismo y la carrera a pie. Conocer bien la transición ahorra más tiempo y estrés que memorizar cualquier otra parte del recorrido.
Segundo, la dirección de la natación y las boyas, para que sepas hacia dónde te diriges y dónde giras.
Tercero, cualquier subida grande en el ciclismo o en la carrera a pie, para que puedas dosificar tu ritmo en vez de llevarte una sorpresa.
Cuarto, dónde está la meta, porque tener un objetivo hacia el cual apuntar en el tramo final se siente maravilloso.
Un recorrido Sprint tendrá mucho menos que reconocer que un 70.3 o un Ironman, pero las mismas cuatro prioridades se mantienen sin importar la distancia. Cubre esas, y puedes dejar que las señales se encarguen del resto.
Juntándolo todo
Imagina la mañana de tu carrera. Llegas con tiempo de sobra (ayuda saber con cuánta anticipación llegar la mañana de la carrera para que no andes con prisa). Acomodas tu lugar en la transición, habiéndote imaginado ya el flujo. Miras hacia las boyas que estudiaste en línea, y se ven igual que en el mapa. Cuando suena el disparo de salida, sigues a los nadadores que van delante, luego las flechas, luego los voluntarios, luego la línea de meta hacia la que apuntabas desde el principio.
No memorizaste nada. Miraste hacia adelante, hiciste un plan sencillo y luego confiaste en que el recorrido te guiara. Ese es todo el truco.
Si todavía no has resuelto los primeros pasos, aquí tienes una guía amable sobre cómo inscribirte y qué viene después, para que los días previos a tu carrera se sientan tan manejables como el recorrido mismo.
Tú puedes con esto, amigo. Mira hacia adelante apenas lo suficiente para sentirte listo, y luego deja que los carteles, las boyas y las personas amables que te señalan el camino te lleven a casa. Estaremos justo aquí, en couchtotri.com, animándote en cada paso, cada pedaleo y cada brazada.